Sube, alegre, sin miedos, ignorante al destino que la espera. Siente la brisa en sus múltiples caras, sueña con nunca bajar. Sucede lo inevitable, en el momento de mayor esplendor se detiene un instante, solo un segundo, pero más que suficiente para llenar de dudas su cabeza de viento. Comienza el descenso, al principio agradable pero enseguida aterrador. Ella sabe que le espera el peor de los destinos, el más cruel de los infiernos, el más duro de los golpes que haya recibido jamás...
Ya no intenta detenerse, se resignó a su destino y ha perdido la esperanza. Ya no le importa vivir o morir, sigue ahí con la expresión sumisa, tanto le daría estar en un mar o en el más oscuro cajón.
Ya no le importa "esos ruidosos" que saltan en la tribuna, toca el suelo e inmediatamente es impulsada por otra rutinaria patada.
La pelota, sube alegre…
CUBETA KAUFMAN
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